Todos hemos sentido miedo. O lo tenemos. Miedo a caer, miedo a que te hagan daño, miedo a querer, miedo a enamorarte, miedo a herir, miedo a la vida, miedo a la muerte.
Miedo.
"El miedo nunca ganó a la felicidad, sólo era una palabra de cinco letras"
Y vaya cinco letras.
Te paraliza.
Te asusta.
Te bloquea.
Te deja sin reacción. Sin protección. Te hace pequeño.
"Hay que superar los miedos, eso te hace más fuerte. Una vez te has caído pierdes el miedo a caer, ya te levantaste una vez, ¿no?"
Sí. Pero no. Crece. Ya te han hecho daño, ya sabes lo que vas a sufrir. Te asusta más.
Sabes que vas a sentir si te sucede otra vez, entonces... ¿No lo haces?
No.
Somos naturaleza kamikaze. Nos gusta sufrir "para superarlo". Caer para levantarnos. O eso decimos. Para después poder presumir de ello.
"Me rompieron el corazón pero yo sola lo recompuse cachito a cachito"
¿Te hace más fuerte? ¿Hace que el miedo desaparezca? No, desde luego que no. Te prepara, la próxima ya sabes todo lo que vas a apsar.
El miedo no se va. Está ahí contigo, siempre. Como una sombra. No es malo, te enseña muchas cosas. Te enseña a perder y a ganar. Te enseña a querer, a odiar...
No intentes hacerlo desaparecer. No lo va a hacer. Va a ir a tu lado a todas partes.
Cambiará de forma, se hará más grande o más pequeño. Te afectará más o menos. Pero ahí va a estar.
Pero no lo olvides, son solo cinco letras. No dejes que te impida disfrutar del camino, de sus vistas, de la gente que lo recorre contigo.