Se encontraban sin buscarse. Y cuando lo hacían era mágico. Dibujaba un mapa de sus lunares, que seguía hasta encontrar sus labios. Nada tenía sentido, pero tenía todo el sentido del mundo. Hasta que... Acabó. Ya no se encontraban aunque intentaban buscarse. Leer sus lunares ya no era fácil. Todo quedó en eco. Un eco de algo que nunca fue, pero que era.
Feliz domingo a todos.
XXX
B.
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